Don Nando vió cómo el pobre arquero cargado de culpa se alejaba del arenero. Evitándolo estratégicamente se acercó al modesto grupo humano. Sin importarle que el DT estuviera en plena charla interrumpió:
-Muchachos, son una reverenda cagada, me preguntó qué carajo había tomado cuando los compré-
Le sonó el celular. Era el presidente de Lanús. Don Nando explotó:
-¡Me importa un pito, papá!. Me vendiste a Pelletieri el viernes. Bah, ni siquiera lo vendiste. Lo prestaste por quinientas lucas y yo lo garpé seis palos y pico y ahora me lo tengo que meter en el orto. Hacé cuentas, ¿cuántos tipos lo tienen en sus equipos?, hacé la cuenta, multiplicá seis por los diez mil giles como yo que lo anotaron, ¿cuánto te dá?. Y vos vas y lo prestás por quinientas lucas. Quinientas patadas en el ojete te tendría que dar. Me cortaste las piernas. Un tipo que juega siempre bien, que me sumaría buenos puntos todas las fechas, no me sumó nada. Cero, nada, nada. El jueves arregló y el viernes estaba viajando a Grecia. ¡Me mataste papá, me mataste! -
Y le cortó.
-Me tienen loco…Bueno, manga de putos, a ver si se entrenan… Bernaldo, yo, mañana, tengo reunión de comisión directiva, ahí vemos si se aprueba el presupuesto de dos pesos más iva para traer gente. Por el momento arreglate con el nuevo arquero nomás. –
Desde el fondo se escuchaba a los dos delanteros que continuaban con el “Coca Cola”…Co…Uh…Co…Ca…Uh…dale Colo ponete media p…Co…Ca…Uh…Co…¿ves, ves?…ahora se te cayó a vos…Co…Uh…Co…Co…va…Co…va…Co…Ca…Uh…Co…
Bernaldo miró al presidente del club elevando las cejas y tomando aire como quien espera una frase liberadora.
-Ni lo pienses- dijo Don Nando. – Son intransferibles -
Alguien que hubiera estado observando la escena desde, ponele el banco que está justo en la curva, hubiera visto cómo un halo de luz traspasaba el arenero e iluminaba las almas de los allí presentes al tiempo que se escuchaba, a modo de divino murmullo, la palabra “Miiiisticaaaa”.
