El ogro se tiraba desodorante en las axilas ya casi listo para irse. El colo estaba sentado, desparramado sobre el banco de madera del vestuario, la camiseta pegada todavía sudaba césped.
- Sos lento, Colerete eh -
- Chupamelá -
Desde el otro sector del vestuario se escuchaba la arenga de Bernaldo. Al griego le gustaba dar una charla técnica informal pospartido. Decía que los poros abiertos de la piel recibían mejor la palabra de la sabiduría. Caminaba entre los muchachos dando su parecer del partido. Bien acá, mal allá. Hay que apretar al nueve. Ahí tenés que pegarle. Hay que tirar antes el centro.
El colorado tiró una sonrisa cómplice.
- ¿Te vas de joda, putín? -
El ogro se había puesto la camisa y se miraba en el espejo. Sobre el banco de madera respiraba la once cansada.
- Y..se hace lo que se puede -
- ¡Qué lindo culo tiene la pendeja esa que te morfas ahora!-
- ¿Viste? Y no sabés cómo lo mueve -
- Dame tiempo…-
- ¡Pelotudo! -
El ogro comenzó a tirar la ropa sucia en el bolso. Se llevaba bien con el colo, le tenía admiración, pero el muy guacho tenía eso, sabía cómo sacarlo.
Se escuchó el cierre del bolso. Mientras se terminaba de peinar entró más en la provocación.
- No sé qué te metes con mi chica. Si yo no te digo nada a vos. Porque tiene buen cuerpo la joden, porque baila y sale en la tele. ¿Y qué? ¿Todas las que salen en la tele tienen que ser putas? -
- Y…-
- ¿Y qué, pelotudo? Decime -
- Que te diga qué -
- Lo que ibas a decir -
- Si no dije nada -
- Por eso -
- ¿Qué? -
- Decilo -
- ¿Qué? -
- ¡Ves que sos un forro, colorete, ves que sos un forro! -
Y cerrando el armario de un golpe se fue bolso al hombro pasando delante del colo que seguía con la sonrisa pícara. Un paso más allá se cruzó con Aristóteles Bernaldo que iba a verlos.
- ¡Letales – dijo Bernaldo. – están letales. Mis delanteros están letales! -
Los dos habían mojado en la fecha.
- Les digo que Bush va a mandar a la cuarta flota para que los controle. Mi ofensiva está letal – continuaba halagando el D.T. mientras movía los brazos en forma opulenta.
- Letales -
Cuando subía a la autopista rumbo a la casa de su novia el ogro se reía solo. “Este colo…” Pensó.
Escrito por Thomas Fowler 