El Papu recogió la carta y la cinta de capitán dejadas sobre el banco de madera en el vestuario. El armario de Sava estaba casi completo, sólo faltaba la 9. Los demás lo rodearon preguntando por lo escrito.
Siempre hay traducción.
- ¡Dale, Papu! ¿Qué dice? – apuraba Torrico.
- ¡Leela! – comandaba Fritzler, el ex-capitán lesionado, el primer dueño de la cinta.
- ¡Parate en el banco y leela! – aconsejaba el chuky Blanco
- ¡Dale, la concha de tu hermana! – insistía el Ogro Fabbiani.
El Papu Gomez se paró en el banco de madera y, entre crujidos y chistidos para pedir silencio leyó…a su manera.
- ¡Daaaaale, pelotudo! – lanzó el blondo Machín.
- Dice que… – el Papu leía, cubría su expectativa antes que la de los demas – dice que…se las toma, que se va a averiguar el tema de las realidades…que…nosotros nos quedemos, que luchemos por modificar nuestra propia realidad…para bien – el relato se manchaba de su propia creencia, no hay autores inocentes – que para qué pensar en otras realidades donde quiera existan si día a día nos despertamos en la nuestra y es la nuestra la que hay que torcer en favor del bien, que aunque parezca pequeño, – el Papu quitó la vista de la hoja, miraba un punto fijo, quizá en la Virgencita de la pared – aunque parezca pequeño lo que hacemos, a fin de cuentas los pequeños actos sumados en favor del bien necesariamente deberán llegar a masa crítica y entonces podremos sentirmos gloriosos…y si la suma no es suficiente, que sepamos que mañana lo será y que, mientras tanto, si de tal manera obramos, es justo sentirnos satisfechos porque nadie podrá señalarnos y decir “ese hizo mal”…es labor de los justos buscar justicia… -
- ¡Es como Batman! – saltó el pibe Salvio desde el fondo.
- ¡Atendé, nene! – lo calló Angeleri dándole un coquito.
El Papu no dijo nada de la búsqueda de las verdades fundamentales ni de la curiosidad incansable del ser humano, ni del mapa con la línea punteada. El Colo bien podía estar en lo cierto, pero esa búsqueda no es para todos. El Papu no se podía dar el lujo, en su nuevo rol de capitán, de permitir que todos se fueran a buscar una nave invisible en el área local. Hizo lo que tenía que hacer, dió el mensaje y los mantuvo dentro de la realidad. Dijo:
- Y nos dice: “Que no decaiga la mística. Salgan a ganar” -
Todos se quedaron reflexivos. Se quedaron suspendidos en ese péndulo de creencia / no creencia. El Colo había decidido partir, Scotti, si bien nadie supo a donde, también se había ido. La decisión era quedarse y enfrentar la realidad o irse a lo desconocido usando máquinas de fábula, elucubraciones insensatas, misterios insondables, mentiras peligrosas. La duda se agrandaba como el espacio por virtud de alguna cosa poco comprendida, materia oscura llamémosla. La puerta del vestuario se abrió de golpe.
Era Scotti.
- ¡Gringo! – dijo sorprendido el Ogro.
- ¡Volviste! – saltó el Sebas.
Scotti, cambiado ya para salir a jugar y algo agitado, se acercó hasta donde estaban reunidos. Dijo:
- No hay nada. Allá no hay nada. Estamos acá y hay que salir a ganar. Esta es la única realidad -
El Fowler Magno Club jugó el mejor partido de la temporada y empató uno a uno. La victoria era lo único que servía para seguir dando pelea en el campeonato. El empate no era suficiente. A veces…lo mejor que tenemos…no alcanza.
Empapado en sudor, al final del partido, otra vez sobre el banco de madera donde se alojara la carta, el Papu le decía a Scotti:
- Vaya realidad…-
- Vaya…-
Escrito por Thomas Fowler 
Escrito por Thomas Fowler 