Decimotercera fecha: el campeonato perdido

Noviembre 28, 2008

El Papu recogió la carta y la cinta de capitán dejadas sobre el banco de madera en el vestuario. El armario de Sava estaba casi completo, sólo faltaba la 9. Los demás lo rodearon preguntando por lo escrito.

Siempre hay traducción.

- ¡Dale, Papu! ¿Qué dice? – apuraba Torrico.

- ¡Leela! – comandaba Fritzler, el ex-capitán lesionado, el primer dueño de la cinta.

- ¡Parate en el banco y leela! – aconsejaba el chuky Blanco

- ¡Dale, la concha de tu hermana! – insistía el Ogro Fabbiani.

El Papu Gomez se paró en el banco de madera y, entre crujidos y chistidos para pedir silencio leyó…a su manera.

- ¡Daaaaale, pelotudo! – lanzó el blondo Machín.

- Dice que… – el Papu leía, cubría su expectativa antes que la de los demas – dice que…se las toma, que se va a averiguar el tema de las realidades…que…nosotros nos quedemos, que luchemos por modificar nuestra propia realidad…para bien – el relato se manchaba de su propia creencia, no hay autores inocentes – que para qué pensar en otras realidades donde quiera existan si día a día nos despertamos en la nuestra y es la nuestra la que hay que torcer en favor del bien, que aunque parezca pequeño, – el Papu quitó la vista de la hoja, miraba un punto fijo, quizá en la Virgencita de la pared – aunque parezca pequeño lo que hacemos, a fin de cuentas los pequeños actos sumados en favor del bien necesariamente deberán llegar a masa crítica y entonces podremos sentirmos gloriosos…y si la suma no es suficiente, que sepamos que mañana lo será y que, mientras tanto, si de tal manera obramos, es justo sentirnos satisfechos porque nadie podrá señalarnos y decir “ese hizo mal”…es labor de los justos buscar justicia… -

- ¡Es como  Batman! – saltó el pibe Salvio desde el fondo.

- ¡Atendé, nene! – lo calló Angeleri dándole un coquito.

El Papu no dijo nada de la búsqueda de las verdades fundamentales ni de la curiosidad incansable del ser humano, ni del mapa con la línea punteada. El Colo bien podía estar en lo cierto, pero esa búsqueda no es para todos. El Papu no se podía dar el lujo, en su nuevo rol de capitán, de permitir que todos se fueran a buscar una nave invisible en el área local. Hizo lo que tenía que hacer, dió el mensaje y los mantuvo dentro de la realidad. Dijo:

- Y nos dice: “Que no decaiga la mística. Salgan a ganar” -

Todos se quedaron reflexivos. Se quedaron suspendidos en ese péndulo de creencia / no creencia. El Colo había decidido partir, Scotti, si bien nadie supo a donde, también se había ido.  La decisión era quedarse y enfrentar la realidad o irse a lo desconocido usando máquinas de fábula, elucubraciones insensatas, misterios insondables, mentiras peligrosas. La duda se agrandaba como el espacio por virtud de alguna cosa poco comprendida, materia oscura llamémosla.  La puerta del vestuario se abrió de golpe.

Era Scotti.

- ¡Gringo! – dijo sorprendido el Ogro.

- ¡Volviste! – saltó el Sebas.

Scotti, cambiado ya para salir a jugar y algo agitado, se acercó hasta donde estaban reunidos. Dijo:

- No hay nada. Allá no hay nada. Estamos acá y hay que salir a ganar. Esta es la única realidad -

El Fowler Magno Club jugó el mejor partido de la temporada y empató uno a uno.    La victoria era lo único que servía para seguir dando pelea en el campeonato. El empate no era suficiente. A veces…lo mejor que tenemos…no alcanza.

Empapado en sudor, al final del partido, otra vez sobre el banco de madera donde se alojara la carta, el Papu le decía a Scotti:

- Vaya realidad…-

- Vaya…-


La partida del nueve

Noviembre 22, 2008

La noche estaba algo fresca para ser verano. Probablemente porque era primavera. La exactitud al narrar se corresponde con la realidad ficticia. Siempre se espera un marco de aceptación de las ocurrencias. La lógica sobrepuesta a la literatura es el moho sobre la fruta fuera de la heladera. Bernaldo, en su casa,  la tiró.

El Colo guardó la nueve en el bolso. El vestuario oscuro, silencioso y vacío le daba el escenario que requería. Podría destruirlo con deslizar mis dedos pero no voy a hacerlo. Desde afuera una luz se colaba en el interior , probablemente la luz de la casilla del portero cuyo nombre no será revelado aquí tampoco.

Afuera, la gente se refugiaba en la televisión y las conversaciones iguales de todas las noches. La variación en la comida, el orto del gato, el nombre de la novela, el libro para el subte, el color de la camisa, la palabra con la que nos llamamos.  Las miserias hechas arte, sobrevaluadas estupideces, amores cursis, musas en ventanas, poetas en balcones, parejas de revista, psicólogos millonarios.

- Lo importante es la física. Descifrar el código en el núcleo de una constante. – dijo  Sava

El Colo dejó la carta sobre uno de los bancos de madera junto con la cinta de capitán  y salió hacia el verde negro cesped de la noche. Desde la casilla del portero, cuyo nombre no será revelado ahora, se escuchaban los ruidos de la tele de fondo y la protesta contra el perro “Seis”. El Ogro no se cansaba de joderlo al portero, cuyo nombre no será revelado ahora,  por el nombre de su perro.

- ¿Cómo le vas a poner “Seis”? -

- ¡Es mi perro y lo llamo como quiero!  – respondía el portero, canoso, arrugado por los años

La silueta de Sava y su bolso se desdibujaban dentro de la cancha del FMC.  A lo lejos, cerca del área que dá a la tribuna Vevey, se adivinaba la sombra de una extraña máquina.

La carta decia:

“Compañeros, hermanos…No puedo quedarme. La curiosidad me gana. Como un torero que enfrenta la arena me lanzo a lo desconocido. Bueno, tengo un mapa…pero no está del todo claro. Lo que sea.  Convencido de la existencia de realidad superior a esta es que debo encontrar el centro de todos los centros para “irme” y verle la cara al que escribe, el autor de todos los autores. Es verdad, quizá allí deba emprender nuevo viaje pero esa…será otra historia. (como Conan, ¿la vieron? Pídanle a Bernaldo que se las pase). Os dejo con el deber heroico de enfrentar contrincante nuevo cada domingo, con el divino trabajo de sortear dificultades varias para llegar a buen puerto a fin de campeonato. Que no decaiga la mística. Os dejo, también, con la mojigata realidad de vuestra sociedad, una masa deforme, apelotonada , amalgama de superficialidades y asesinatos. Podéis luchar contra ella pero…es algo más complicado. Medíos. Desde los “Coca-cola” que jugábamos con el Ogro en el arenero es que vengo planeando esto. Me pregunté por qué entrenábamos en el arenero de la plaza de Devoto…cómo es que jugadores iban y venían porque sí, cómo es que en el diario decían que nuestros jugadores jugaban para diferentes equipos de Argentina mientras que todos entrenábamos para el FMC….Investigué y del Fowler Magno Club sólo encontré una página de Internet…esta…Y me leí…leí cosas que me pasaban, sueños, jugadas, diálogos y de a poco pretendí ir comprendiendo pero aún así no pude. ¿Si en Arsenal no me ponen por qué meto goles acá?. No supe qué hacer hasta que encontré en mi armario un mapa…el mapa empieza en el vestuario y por líneas punteadas se dirige a la cancha,hasta el área que dá a la tribuna Vevey, donde siempre va la Grajan, allí en el área hay una máquina , dice el mapa, llamada DEM…luego la línea de puntos sigue por el cielo hacia otras zonas marcadas, el Supercúmulo de Virgo y la Gran Muralla, más allá….hay otras cosas que no les diré en esta carta…No me sigan. Prometo volver con noticias de victoria y si no lo hago…sabed que …A nada temo pues me han hecho valiente. A todo me atrevo pues no me ata creencia alguna.

Soy Facundo Sava, el Colorado, número nueve, delantero de área, letal, depredador, goleador indiscutido. Sabed que podéis ser cualquier cosa, pero nunca nadie será yo”

El colorado seguía caminando hacia la máquina-sombra.

El perro “Seis” estaba demasiado intranquilo. El portero cuyo nombre no será revelado, cedió y le abrió la puerta, luego lo siguió.

- ¿A qué le ladrás? . ¡No ves que no hay nada ! …Es la cancha…¿a la cancha le ladrás?…- Seis corrió hacia la línea de cal del lateral pero no se animó a entrar. Siguió chumbando. Al rato salió disparado hacia el área local, como si aquello que lo había asustado ya no estuviera allí.  Un destello pasó por el cielo.

- Oia, una estrella fugaz…- y sonrió irónico. Había cosas que a este portero no se le escapaban -…los ancianos confundimos todo…decimos incoherencias…¿a qué autor mediocre se le puede ocurrir ponerle Deux Ex Machina a su máquina voladora?… Ay, ay, ay -

cololocura(crack)