Gualter volvía a las once de la noche de su día laboral. Tenía dos trabajos, uno de nueve y pico, diez hasta las tres y otro de cuatro a nueve y media. Hora y media de viaje, ida y vuelta.
Mientras salía de la plaza y encaraba la diagonal observó un Porsche Carrera negro parado en el semáforo. Trató de distinguir quién estaba dentro.
- ¿No es Don Nan…Don Bar…digo, ese?, no…¿o sí?… – el auto arrancó lentamente. – Qué culo tienen estos hijos de puta. Un par de meses en el club y se forran de guita. Y no sé, no sé eh , cómo este tránfuga tiene un Porsche nada más… porque… si el que menos gana y el que menos juega de los jugadores tiene uno igual a ese…Sés…-
Vivía con sus suegros, su mujer y sus tres hijos. El mayor ya era grande y estaba por mudarse solo, los otros, un varón y una mujer, eran adolescentes. El plan de la casa propia había sido relegado siempre por alguna urgencia o carencia. Apenas se habían hecho retoques y ampliaciones como para poder acomodar mejor a la familia. El natural paso de la muerte y el crecimiento les dejaría una inconclusa mansión que habitar.
- ¿Qué habrá cocinado esta noche esta loca? …¿Cómo mierda no me animé a mandarla a la mierda por la Betty? …Sí, ya sé…los pibes…qué se yo…Es que hay días que la mataría. Sus boludeces de nunca alcanza y mirá mi hermano es médico, médico, médico el boludo ese , que se le deben morir más de los que salva…y…y así y todo se va al Caribe, a ver los Incas de la Polinesia el muy puto -
La mujer de Gualter no era demente pero había tenido , según su madre, problemas de aprendizaje que le impidieron terminar la secundaria y le permitieron, a cuenta gotas, soportar algunos trabajos. Cuando él la conoció la juventud la hacía atractiva. Quedó embarazada.
- No es que no la quiera, es que…llegar a esta hora, ver la tele un poco, ya ni ganas de charlar de nada tengo y eso que me la pasé charlando pelotudeces todo el día. Sí, me encantaría llegar y disfrutar de su conversación pero si…la locura de los años…la locura innata…Y mis suegros levantados y preguntado si llamó o no llamó el médico que tenía un congreso y los hijos del médico y el auto y la casa y el jardín y ese perro de mierda que tienen -
Ellos también tenían un perro. No sumaba. A lo lejos se escuchaban ladridos. De Seis quizás. Estaba cerca de la cancha.
A Gualter le gustaba ir cómodo a laburar. Por eso iba casi siempre en jogging y sus préferidos eran los del FMC. Ahora tenía un pantalón azul finlandia intenso con una franja blanca cerca del tobillo y el escudo un poco más arriba del muslo. La camperita era azul también pero de otra época; en la noche no se notaban las diferencias de colores. Tenía el escudo atrás y era el viejo, cuando todavía no tenía el rostro de Graham.
- ¿Quién era presidente en aquella época?…¡Puta, no me acuerdo! ¡Uh, el cinco que teníamos! ¡Por favor! ¿Cómo se llamaba ese muchacho? -
Hablando solo llegó a su casa.
Escrito por Thomas Fowler
Escrito por Thomas Fowler 