Decimocuarta fecha: No me importa lo que escriban

“No me importa lo que escriban, lo que escriban los demás, Graham siempre fue el más grande, cada vez te quiero más.

Fowler, mi buen amigo, esta campaña volveremos a estar contigo, te alentaremos de corazón, esta es la Grajan que te quiere ver campeón.

No me importa lo que escriban…”

El vestuario era un descontrol. El Fowler, ya sin chances de campeón, había ganado y los jugadores festejaban a los saltos y cánticos. El grito de guerra de la Grajan se escuchaba bien fuerte. Le sonó el teléfono al joven Martín.

- Hoda -

- Joven Martin, soy yo, Alvaro, lo felicito -

- Alvaro, ¿cómo está, dónde está, está Ud. bien? – el joven Martín se tapaba el oído libre ante el ruidoso ambiente del vestuario.

- Sí, sí, me encuentro bien. Quería pedirle perdón por haberlo dejado en un momento así del campeonato, por…habemer ausentado así sin más -

- No tengo nada que perdonar. Por favor venga, este es su lugar. Con los muchachos hemos hecho lo posible. -

- Y mucho han hecho. Siento que no me corresponde volver. -

- No diga eso. Ud. ha formado este equipo. Dígame dónde está y lo vamos a buscar -

- Es que no tengo donde vivir. Me han hechado de todos lados -

- No se preocupe. Acá el portero del club cuyo nombre no será revelado en este momento siempre tiene un lugar. -

Horas más tarde, el portero cuyo nombre no vamos a revelar tampoco en este momento, el joven Martín y el perro Seis llegaban a la plaza donde Alvaro se había detenido al fin.

Juntos volvieron para el club.

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