La comisión de prensa y protocolo anuncia que……..se viene…..:
Le Grand Finalle de la Segunda Temporada de….FMC, un equipo de ficción con mística real.
La comisión de prensa y protocolo anuncia que……..se viene…..:
Le Grand Finalle de la Segunda Temporada de….FMC, un equipo de ficción con mística real.
Alvaro se sentó en el banco y cerró los ojos. Los sonidos del estadio se fueron apagando, se fueron yendo como por una espiral perfecta. Recordó una escena de pequeño allá en su Pelotas natal.
El estaba jugando con una pelota en el patio mientras su tía tendía la ropa. Su primo escribía cosas en un cuaderno. Alvaro le pegó de primera y la pelota voló hacía el jarrón de la abuela. Se hizo el mismo silencio. Escuchó en ese hueco, en ese paréntesis, en esa pausa, las recriminaciones futuras, el ‘¿pero por qué no sos como tu primo que se porta bien, él sí que va a ser alguien en la vida, va a escribir libros y vos, qué, qué , con esa pelotita de porquería?’
Ahora, en el Greene Park, sentía lo mismo, los futuros micrófonos acosándolo. ‘¿Broun Ud. es el responsable de esta derrota? ¿Se quedará en el club a pesar de no haber logrado ningún objetivo? ¿Por qué dejó al equipo en una instancia final y volvió para hacerlo perder?. La tapa de Ole : Comieron Brounis’.
Sintió paz. La paz que precede los futuros donde placenteramente nos sentaremos a saber, a reconocer que nada , absolutamente nada, podrá cambiar el pasado.
Cuando la espiral recorrió el camino inverso y el sonido volvió a su vida escuchó el grave sonido que provenía desde la tribuna de arriba a la derecha, los gritos eufóricos y más cercanos del banco rival, el golpe seco de alguno de los suplentes propior, la voz del joven Martín pensando en la próxima indicación para ir a buscar el empate, las pisadas sobre el cesped, el pitido largo del árbitro, un jarrón que se rompe.
El tiro libre había pasado la barrera llena de amarillas y la pelota había entrado en el arco de un gato Sessa absolutamente real; tan real como las ganas de llorar de Alvaro Tomaso de Dios Broun, que se tragó bien tragadas, mientras abría los ojos y se levantaba del banco de suplentes, manos en jarra, a enfrentar los últimos minutos de un clásico que perdería.