Caos en la Shell

A eso de las once de la mañana se habilitaron los accesos al Greene Park. El partido estaba programado para las quince treinta.

El problema se dió porque al Deportivo Magno lo confinaron a una sola entrada, por Asunción-Lincoln, lógicamente insuficiente para la cantidad de público que el club iba a aportar al espectáculo, mientras que los locales entraban por las avenidas Chivilcoy y Salvador María del Carril.

A esto se le sumaba un tema que hacía el ingreso aún más peligroso. Los visitantes pasarían por la Shell, baluarte de la hinchada local, quienes habían sido desalojados de allí bien temprano. Empero era casi imposible impedir que se filtraran por la calle Nueva York; con lo que a medida que los hinchas del Deportivo iban llegando, encontraban en la Shell un foco de provocación constante.

Inevitablemente a eso de las trece treinta el clima subió tanto de tono que explotó.

Al cántico de “Deportivo vos sos un botón, Deportivo vos sos un botón, sos amigo de Cohelo la rptm que te reparió” ,letra por demás exagerada porque aunque los simpatizantes del Deportivo no tuvieran los mismos gustos que los del Fowler, acusarlos de tamaña miseria era totalmente inapropiado, los hinchas visitantes respondieron con un “Fowler no chamuyes más, Fowler no chamuyes más, si Graham escribía cine y novelas baratas pa’ pode’ morfar.”, cántico destinado naturalmente a herir el centro del sentimiento fowleriano.

Así pues, la veintena de barras de la Grajan apostados en la Shell se atrevieron a soprepasar el cordón policial y atacar a los visitantes que naturalmente eran mayoría. La policía , como suele suceder en estos casos, toma el toro por las astas, y el toro se les suele escapar. Dispararon gases lacrimógenos y el pandemonium se hizo presente.

A todo esto estaban ingresando a pie y por Nueva York los baluartes, quienes habían sido invitados por ambas instituciones para ser homenajeados antes del comienzo del partido.

Dicho lo dicho, entre la niebla del gas se podía vislumbrar a un Tribunero y un miembro de la Grajan disputándose el último hielo para un whisky, o mintiéndose acerca de si quedaba o no un resto de vino en una botella, dirimiendo si el tinto abierto tenía o no gusto a mantequita, especulando acerca de si conviene toque devolución o cambio de frente, debatiendo sobre el correcto uso de la ‘W’, así como a unos perdidos Antípatro y Parmenión sofocados por el humo, o a un tal Vladimir , ex DT , a un Niniadis, ex gloria,  jugador y DT del Peloponeso Magno Club. La confusión era total.

Y como suele pasar en estas oportunidades apareció la caballería. La policía montada llegó presurosa a repartir palazos. Los hinchas de ambos bandos se dispersaron y la trifulca cesó. Sin embargo, todo el tumulto provocó el acumulamiento de los hinchas del Deportivo que seguían llegando por Lincoln. Pretendiendo ordenar, las autoridades frenaron el ingreso. El embotellamiento fue inevitable.

- Eh, abran – reclamaba un hincha del Depor.

Un policía montado miraba hacia todos lados.

- ¡ Si no sabés qué hacer preguntale al caballo ! – tiró otro hincha.

Al rato el ingreso se normalizó. Los caballos no hablan.

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