Un buen diálogo

La tele se había apagado. Los ancianos tienen dificultades para dormir. La noche es amena. El jardín está lindo. La luna está llena. Hay nubes rasgadas.

-¿ Te acordás de la Gran Peste? – preguntó Ao.

- ¡Cómo no me voy a acordar! -

- ¿Qué hiciste? -

- Nos quedábamos en casa. -

- Yo salí. Fué lo más parecido a ‘Soy leyenda’. Aceleraba el auto a full por toda la ciudad. Las calles estaban vacías. Sabés, yo creo que los ángeles son mujeres. Había ángeles en las esquinas -

- ¿Tomaste el remedio? ¿Pasó la enfermera hoy? -

- Los hombres no. En todo caso son ángeles pero del infierno. Y no todos, pocos. La mayoría son ángeles del purgatorio, de un lugar lúgubre e intermedio. -

- No me gusta hablar con vos. No sé por qué estás acá con nosotros. Tendrías que estar en un asilo para enfermos mentales, no en un asilo común -

- Cacé esa noche. Cacé mucho, fue fácil. También me encontré con ‘D’ -

- Me voy a dormir. Quedate hablando solo -

- Nunca hablé mucho de ‘D’. Yo tenía un 206. Lindo. Pero él tenía un autazo. Lo ví en la YPF de Beiró y frené. Se alegró de verme y nos fuimos a tomar algo. Los bares estaban vacíos. Es encantadora esta ciudad sin gente, sin gente. Un Porsche tenía él, carrera. -

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