La pelota volaba en el arenero de devoto. Los defensores saltaban devolviendo el corner tirado por el Bola.
La operación se repetía una y otra vez con y sin arquero. Broun supervisaba:
- Jadson (lo pronunciaba Yeaitson), vos ordenalos. Vos a la pelota siempre, los demás te rodean de manera que si hay rebote, siempre tengamos alguien sobre la pelota. Vamos, otra vez -

Jadson acostumbraba aún en los entrenamientos llevar la cinta de capitán demostrando su valentía y poder de mando.
Sobre los capitanes del Fowler, rezaba la leyenda, caía una carga extra. Todos eran amenazados por la des-fortuna. Jadson se la había ganado y no le temía.
Broun llamó al descanso. Jadson se sentó junto al jóven Martín.
- Anoche tuve un sueño, joven Martín -
- ¿Qué (quequequer) soñaste? -
- Una sensación…era como si alguna clase de oscuro monstruo esperara paciente para depredarnos -
- ¿A quién? -
- A nosotros, los capitanes del Fowler…Pelletieri a Grecia, Fritzler lesionado, Scotti lesionado y vendido, Sava y el Papu navegonautas…-
- ¿Tenés miedo? -
- Al contrario. No me molesta tener la gran responsabilidad, ser el encargado de pasar titánicas pruebas a fin de conseguir la bendición de la Bestia, la aprobación para lograr un campenato, el permiso para la Gloria. No es esta una cinta fácil de llevar – se señalo el brazo
El joven Martín lo ayudó a elongar. Le dijo:
- No sé si creer en sueños…de esos…elongá bien -
Minutos después Broun dió por terminada la práctica de fútbol. Los jugadores hicieron quince minutos de trote.
En el minuto catorce , cincuenta y nueve segundos, Jadson Viera Castro, el capitán, se desgarró.