Vengo de onda

Julio 5, 2009

Ingresando por un sendero donde evitaron a los SuperDiscípulos , el Papu Gomez y el campesino araña subieron por el monte Getsemaní, allí en la SuperJerusalem de la SuperTierra.

El campesino lo agarró del brazo.

- Esperá. Mirá -

Entre las ramas de los arbustos pudieron ver a un alto hombre, de pelos largos y barba, con seis miembros como todos los habitantes de ese planeta. Utilizando los dos pares superiores juntaba las cuatro manos y rezaba.

- Es El – dijo el campesino

El Papu dudó acerca de lo correcto del acto que estaba por llevar adelante. Después de todo, por qué impedir una historia que se repetía en todos los planetas habitados por seres con alma. Además, SuperJesús debería saber el futuro que le esperaba y aceptaba su sacrificio.

- ¿Será…lo correcto? -

- Claro que sí, imaginate lo que puede hacer ese hombre viviendo el doble de lo que va a vivir.  Llevaría a más gente su mensaje -

- Pero…se supone que un Dios determina lo que va a pasar en las próximas horas…¿quién soy yo para inminscuirme en esa voluntad? -

- ¿Cómo quien sos? . El guardián de tu sangre. ¿ Si supieras que alguien va a morir no tratarías de evitarlo? Ese mismo Dios te ha traído hasta aquí. Por algo es. Quizá sea esa tu misión. Evitar lo que va a ocurrir. Cambiar la historia -

- Sí…-

- Vamos Papu, lo tenías bien decidido antes de conocerme. De hecho viajaste hasta acá y dejaste que los pocos amigos que hiciste se volvieran, te olvidaste de recomponer tu nave…es tarde para arrepentirse -

El Papu asintió con la cabeza y avanzó lentamente haciendo ruido al romper las ramas secas en el suelo. SuperJesús parecía estar en una profunda pena y su rostro denotaba  cansancio y aflicción. El Papu creyó escuchar un “Por qué a mi” o un “Por qué así”.  Apuró sus pasos y se hizo notar. Dijo:

- No tiene que ser así -

SuperJesús lo miró y el Papu se sintió el ser más solo del universo. Esperaba una mirada fortísima e inquisidora, segura. Pero fue todo lo contrario. Aquel que lo miraba le pedía un escape, era un prisionero a punto de ser fusilado, un naufrago que se resbala del bote salvavidas, un niño asustado por la repentina oscuridad, un equilibrista resbalando.

¿Si aquel sobre el cual depositamos la Fe la ha perdido qué nos toca a nosotros?

El Papu recordó aquellas frías mañanas en la plaza de Devoto practicando tiros libres, el barro pesado bajo las suelas de los botines y la pelota viboreando, el dolor en las piernas cuando el partido se terminaba y había que empatarlo como sea, las patadas y los codazos que el árbitro no veía y que se hacían sentir con el paso de los minutos, la corrida a un pase en profundidad a los noventa, el grito de la Grajan.  Sacó su Fé.

- Vení. Escuchame. Yo sé que vos sabés – se atolondraba con las palabras – Yo sé que vos sabés lo que va a pasar pero no tiene que ser así. Podemos evitar que te estrellen. Imaginate lo que sería que vivieras muchas años más. Sería grandioso. Yo vengo de lejos, no sé por qué estoy acá. Me perdí y acá estoy y debe ser por algo. No es que sea importante o algo de eso. No soy nadie pero podemos evitar lo que va a pasar. Podemos salvarte. -

SuperJesús lo interrumpió con un grito amedrentador. Detrás de sí, el Papu, creyó escuchar una sonrisa.

- ¡Satanás! – gritó SuperJesús.  - ¡Satanás! – repitió

- No…yo…-

- ¡Vete de aquí, Satanás! -

- No, ese es Paez, el que jugó en el rojo -

- ¡Sí, diablos, vete demonio! -

El Papú rajó con todas las ganas cayéndose varias veces al piso y raspándose con los arbustos. Durante un tiempo corto escuchó delante de su carrera la corrida y una leve sonrisa del campesino que lo llevara hasta allí. Cuando al fin pudo salir del monte se sentó al borde del camino totalmente agitado. Estaba solo de nuevo. “¿Qué hice, qué hice?” se repetía.

Acongojado, permaneció con la cabeza entre las manos. Tan absorto estaba que no vió a la patrulla romana que subía el monte.


Un nuevo D10S

Diciembre 8, 2008

El Davi estaba en el piso de la celda.

A cien metros el capitán Segura, no se llamaba así pero así le gustaba que lo llamaran,  le daba la manoeinstein a Aintain.

- Beto…Fueron muchos años juntos. Quiero que sepas que todas las veces que te cagué a golpes fue de onda. O sea… es mi labor. -

- Todo bien. Así son las cosas. Uno vive con las leyes. Primero las leyes de la física, luego el instinto, luego las humanas. Quizá en estas dos últimas  no encontremos tan clara frontera pero…así están dadas las cosas. No te guardo rencor. Algún que otro bife yo pegué también -

Se dieron la mano y un abrazo de rigor.  Aintan salía por buena conducta. Justificaba el juez que el viejo canoso de pelos desprolijos ya no era peligroso para la sociedad.

Escena partida. Literatura resquebrajada. Perlas en medio de los párrafos, giros en torno a giros, todo rueda, no existe la fuerza centrífuga si nadie empuja hacia afuera.

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El Davi alzó la vista mientas la sangre le chorreaba por la boca y vió la tele prendida. Allí el Diego se mostraba en la India, una caravana lo seguía hasta un estadio colmado donde miles de miles de hindúes lo aclamaban. Si el Diego se los pedía hubieran salido cuchillo en mano a abrir al medio cuanta vaca se les pusiera en el camino. Todo es cuestión de aprender a hacer el chimichurri y la salsa criolla. El Davi sintió que el alma se le iba por la nariz.

Aintain cruzó la calle libre. Sobre sus hombros, a pesar de lo que dijera la ley, todavía pesaba la culpa de su amor asesinado y la constante negada. Hay cosas a las que uno no debe renunciar.

Se subió a un colectivo y fué hasta lo de su tía Augusta quien lo recibió con los brazos abiertos. De inmediato, ella le dijo que se irían de viaje, que a ambos les haría bien. Luego, le indicó la habitación donde Aintain pudo descansar, al fin,  de tantas noches en la cárcel. Allí se puso orgulloso de la última buena acción que había realizado en su vida: la carta que , anonimamente, le enviara al colorado Sava con las instrucciones para navegar fuera de la Gran Muralla , en busca de la energía oscura. Durmió.

Osqui se acercó al agonizante Davi y le dijo:

- Un nuevo Dios exige respeto y sacrificios -

Y le aplastó la cabeza acabando con su vida. Alrededor, el tumulto no se sofocaba. Los guardias entraban a los tiros.