Como una de esas cosas que ya no se necesitan ni se absorben la nave de Sava se alejaba de la constelación de Virgo y desaparecía más allá. Un observador en Ciudad Madero, por ejemplo, hubiera visto el vehículo descender por el horizonte y hubiera especulado que dicha nave necesariamente hubiera debido sobrepasar la velocidad de la luz, con todo lo que ello implica, y hubiera negado con la cabeza. Es así, los observadores en la tierra no entienden…mucha televisión.
En la nave de Sava sonaba el disco solista de Paul Stanley. El colo sonreía. “No hay ninguna manera de definir la velocidad relativa en un espacio-tiempo curvado. No se que me vienen con la música electrónica ahora…Kiss, Kiss pa’ todo el mundo” y le daba duro al acelerador.
Escapado a la ley de un universo plano se permitía navegar más allá de las definiciones clásicas. Quizá a la vuelta del día universal estén las antípodas del todo, o una tierra nueva, plena de aguas dulces y templados vientos donde al fin plantar su estandarte en nombre del Fowler Magno Club. Descansar del viaje.
La nave se alejaba del supercúmulo de Virgo en busca de la gran muralla. Todavía no era momento para apagar el motor. La carta encontrada con el mapa era muy clara. “Una vez dejada la gran muralla sentirás el tirón de la antigravedad, la fuerza contraria a todas las fuerzas, la inercia negativa, el empuje que atrae, la contracción que repele.”
- Expansión, expansión contínua, la topadora que nos hace lugar -
Ansioso por tener pisó el pedal y la nave dió toda su fuerza. Donde no vemos está lo que buscamos. En la osuridad la energía oscura lo ocupaba todo. Manos, labios intransigentes al amor pero necesarios a los hilos de la existencia, el esqueleto de todo lo real y por herencia de todo lo ficticio. Para ser, un dios requiere de espacio y el espacio se fabrica allí. El colorado prendió la grabadora.
- Esta es mi última comunicación desde los confines. Heme aquí navegonauta incoherente de los paises de la literatura. A nada temo pues me han hecho valiente. A todo me atrevo pues no me ata creencia alguna. Soy Facundo Sava, el colorado, número nueve, delantero de área, letal, depredador, goleador indiscutido. Sepan que podéis ser cualquier cosa, pero nunca nadie será yo. Cambio y fuera -
La grabación salió al espacio y comenzó su viaje de retorno a Villa Devoto, al arenero que está del otro lado. Millones de años luz de distancia, inimaginable para un humano, imaginable para una hormiga que tarda treinta segundos en recorrer de punta a punta el comedor de un escritor.
La voz de Paul Stanley sonaba con fuerza. A lo lejos parecían escucharse los primeros murmullos de una maquinaria en pleno trabajo. El colorado volvió a acelerar.
—-
- Colo, colo, te dormiste – dijo el joven Martín despertando a Sava que estaba apoyado en la escalera del tobogán.-
- Sí…creo que… -
- Dale, dale que ahora les toca a vos y al ogro el trote liviano…¿te sentís bien? -
- Sí, necesito…más espacio, el arco…se me achica…-
- Colo, dejá de decir boludeces. Ya va a llegar el gol. Ya va a llegar -
El Colo sonrió y sacudiendose la arena se levantó para comenzar el trote.
Escrito por Thomas Fowler
Escrito por Thomas Fowler 