La nave de Sava

Noviembre 4, 2008

Como una de esas cosas que ya no se necesitan ni se absorben la nave de Sava se alejaba de la constelación de Virgo y desaparecía más allá. Un observador en Ciudad Madero, por ejemplo, hubiera visto el vehículo descender por el horizonte y hubiera especulado que dicha nave necesariamente hubiera debido sobrepasar la velocidad de la luz, con todo lo que ello implica, y hubiera negado con la cabeza. Es así, los observadores en la tierra no entienden…mucha televisión.

En la nave de Sava sonaba el disco solista de Paul Stanley. El colo sonreía. “No hay ninguna manera de definir la velocidad relativa en un espacio-tiempo curvado. No se que me vienen con la música electrónica ahora…Kiss, Kiss pa’ todo el mundo” y le daba duro al acelerador.

Escapado a la ley de un universo plano se permitía navegar más allá de las definiciones clásicas. Quizá a la vuelta del día universal estén las antípodas del todo, o una tierra nueva, plena de aguas dulces y templados vientos donde al fin plantar su estandarte en nombre del Fowler Magno Club. Descansar del viaje.

La nave se alejaba del supercúmulo de Virgo en busca de la gran muralla.  Todavía no era momento para apagar el motor. La carta encontrada con el mapa era muy clara. “Una vez dejada la gran muralla sentirás el tirón de la antigravedad, la fuerza contraria a todas las fuerzas, la inercia negativa, el empuje que atrae, la contracción que repele.”

- Expansión, expansión contínua, la topadora que nos hace lugar -

Ansioso por tener pisó el pedal y la nave dió toda su fuerza. Donde no vemos está lo que buscamos. En la osuridad la energía oscura lo ocupaba todo. Manos, labios intransigentes al amor pero necesarios a los hilos de la existencia, el esqueleto de todo lo real y por herencia de todo lo ficticio. Para ser, un dios requiere de espacio y el espacio se fabrica allí. El colorado prendió la grabadora.

- Esta es mi última comunicación desde los confines. Heme aquí navegonauta incoherente de los paises de la literatura. A nada temo pues me han hecho valiente. A todo me atrevo pues no me ata creencia alguna. Soy Facundo Sava, el colorado, número nueve, delantero de área, letal, depredador, goleador indiscutido. Sepan que podéis ser cualquier cosa, pero nunca nadie será yo.  Cambio y fuera -

La grabación salió al espacio y comenzó su viaje de retorno a Villa Devoto, al arenero que está del otro lado. Millones de años luz de distancia, inimaginable para un humano, imaginable para una hormiga que tarda treinta segundos en recorrer de punta a punta el comedor de un escritor.

La voz de Paul Stanley sonaba con fuerza. A lo lejos parecían escucharse los primeros murmullos de una maquinaria en pleno trabajo. El colorado volvió a acelerar.

—-

- Colo, colo, te dormiste – dijo el joven Martín despertando a Sava que estaba apoyado en la escalera del tobogán.-

- Sí…creo que… -

- Dale, dale que ahora les toca a vos y al ogro el trote liviano…¿te sentís bien? -

- Sí, necesito…más espacio, el arco…se me achica…-

- Colo, dejá de decir boludeces. Ya va a llegar el gol. Ya va a llegar -

El Colo sonrió y sacudiendose la arena se levantó para comenzar el trote.


Novena fecha: La energia oscura ó la tasa de Aintain

Noviembre 3, 2008

- ¡Dejá esa tasa en la pileta o te corto los dedos!-

El tipo no se andaba con vueltas. Dos días atrás, Osqui había visto cómo le rompía la cabeza a un ñato porque se había sentando en su silla.

- Disculpame…yo…no sabía que era tuya -

La taza tenía unos jeroglíficos inentendibles para el Osqui, que sólo sabía alemán e inglés y alguna que otra palabra en ruso.  Donde hay un jefe siempre hay que obedecer. Osqui dejó la taza en la pileta.

Aintain se acercó y comenzó a lavarla con el poco detergente que estaba chorreado en la esponjita. Los demás reclusos volvieron a lo suyo al desaparecer el atisbo de pelea.  Aintain era un tipo entrado en años, canoso y de pelo desordenado, la piel arrugada le había construído un rostro tierno a un hombre que según decían había sido un criminal cruel y despiadado. El Osqui se quedó a su lado, en la pileta.

- Disculpe, Aintain, en serio, yo no sabía…-

- No te hagás drama, pibe. Todo bien con vos pero uno tiene que hacer valer su cargo, si no para qué carajos soy el jefe del pabellón. – Un cigarro no terminaba de apagársele en los labios. – Esponjita de mierda…Sos un buen pibe vos. Rescatate un poquito nomás. Dejá de bardear con el otro boludo que entró con vos y no va a pasar nada -

- Son cosas de afuera don Aintain. Se la tengo jurada a ese puto -

- No me importa. Acá nada. Cuando salgan hacé lo que quieras. Acá en mi pabellón: nada. ¿Tamo? -

- …. -

- ¿Tamo? -

- Tamo -

Aintain terminó con la tasa y por lo visto tenía ganas de charlar porque se lo llevó al Osqui hasta su silla y ahí empezaron con los mates. El viejo estaba preso por asesinato. Años atrás había matado a su mujer. Osqui cebaba.

- Hoy sería su cumpleaños -

- ¿Cómo? ¿De quién? – preguntó el Osqui

- De ella, mi mujer, y del crimen. La maté el día de su cumpleaños -

- Jodido -

- Sí. La amaba – pareció quebrarse pero no lo hizo- Mucho. Pero esa tarde cometí el gran error de mi vida. -

- Lo entiendo -dijo el Osqui sin entender.

Aintain parecía perdido en el pasado.

- Ella no estaba y a mi se me había ocurrido una constante cosmológica que balancera el universo. Sabés que a mí no me dan vértigo las religiones ni los dioses, a mí me da vértigo la inmensidad del universo, la ecuación. A veces pienso que…no sé – había cerrado el puño y el Osqui no sabía cómo iba a reaccionar. No era la primera vez  que lo veía sacarse por una boludez – pienso…pienso…me imagino que si pudiera salir me metería en todos los templos y sacaría alos religiosos a patadas en el orto y los pondría a estudiar física, a hacer matemática, a balancear ecuaciones – Aintan tenía la tasa vacía en la mano.

- Beto, no se haga mala sangre. El pasado ya…pasó – Se animó a llamarlo “Beto”.

- Me dije que esa constante era lo necesario pero el equilibrio es inestable. Cualquiera pequeña  contracción o expansión genera energía por lo cual el universo tiene que ser dinámico. ¿Por qué atarlo con mi constante? Y la negué. La llamé  mi gran error… después…llegó ella…tan hermosa, brillante, llena de vida. Olía a jazmines esa tarde. Y me dijo que se iba, que ya no soportaba mis cosas, mis ecuaciones, mis tazas siempre limpias, mis excentricidades sexuales . Supuse que estaba con otro y no lo soporté -

- Bueno. Pero tiene que pensar en el mañana. Quizá con un poco de buena conducta pueda…-

No lo dejó terminar.

- Y lo mejor es que no me había equivocado. -

- ¿Estaba con otro? -

- No…ella era incapaz…me amaba…en serio. No me equivoqué. La constante cosmológica es necesaria. Existe la energía oscura que atrae, que se lleva lo que lanzamos al techo. ¿Entendés? El empuje causa atracción y la contracción repulsión. Es una presión negativa. El universo se expande porque la energía oscura le tira de los pelos. La sube, la sacude, le apreta el cuello y… -

- Aintain, don Beto, no se…-

El viejo alzó la tasa y la rompió contra el piso. Luego se levantó y mirando hacia donde estaban los guardias les gritó “Putos” y se fue rumbo a  su cama. Se tiró allí y no salió hasta el otro día.

El Osqui aprovechó y se sentó en la cómoda silla de Aintain, le pidió a uno de los pibes que subiera el volúmen de la radio. El Fowler Magno Club salía a la cancha para otro empate anodino. Por suerte el martes iban a ir los pibes de la Grajan a visitarlo. Seguro le llevaban libros.

Las revoluciones requieren de necesidad, inteligencia, tiempo y energía…oscura.