Como todas las cosas, la realidad es relativa. De hecho cuando uno dice “cosa” no hace más que aludir a la realidad que, como se ha dicho, es relativa. Así bien podría uno decir soy el nueve, lo que sería verdad a medias, y una buena verdad, pero no una verdad en su totalidad, porque Fabbiani también es nueve, con lo cual somos muchos nueve. Supongo, habrá en lugar recóndito, selecto y custodiado el molde inicial del nueve, el arquetipo.
Empero…no es momento al caer la pelota en el área que un nueve, por más corto que sea a la hora de abarcar la total idea de nueve, se ponga a debatir sobre la relatividad de las realidades. Ahí, tenés que pegarle.
Sava llega un momento tarde y la patada queda dibujada en el aire, en los ojos fervientes de la Grajan Grin que a modo de reacción lanza el “Uh”. La pelota pasa y un defensor la rechaza. El Fowler ganaba uno a cero pero no convencía, no cerraba el partido. Vino el lateral y el árbitro aprovechó para autorizar el cambio del equipo contrario. El Greene Park era una alfombra.
- Bien Papu, bien… – aprovechaba Sava para acercarse al tirador del centro.
- Tranquilo que ya va a entrar -
- No sé…quiero….quiero ser el nueve de todos los nueves pero es una idea que no puedo abarcar con todo mi entendimiento -
- A todos nos pasa – lo calmaba el Papu.
En otra oportunidad los sesenta y ocho puntos hubieran sido una victoria. Pero si el Fowler quería acercarse a los punteros esa cifra no era suficiente. El apertura Johnnie Walker parecía cada vez más lejos. Por eso, ahora, en esta circunstancial realidad una victoria no se ajustaba a la realidad requerida.
El corner del contrario en el descuento provocó un silencio profundo en el estadio. Bernaldo gesticuló como quien corta con todo su brazo derecho dos rodajas de un pan del tamaño de una persona, al tiempo que decía:
- ¡Colo, vos ahí, el Ogro allá! -
El Colo, capitán dede la ausencia de Fritzler, bajaba al área a defender y el Ogro se quedaba en la mitad preocupando a la defensa adversaria. Scotti, a los gritos, ordenaba la defensa y repasaba las marcas. A último momento lo ve llegar a Sava al área al tiempo que relojea al ocho contrario, un paragüayo de metro ochenta, que se iba para el segundo palo.
- ¡Colo, Colo, vos con el paragüa! -
Tarde. La pelota estaba en el aire, pero se dirigía con fuerza al primer palo. Scotti acelera junto a su marca y pierde. Dirige su vista al colorado que desde atrás persigue al paragüayo. La pelota pasa por todo el frente del arco rumbo al ocho rival oriundo de las afueras de Asunción. Un pueblo bonito donde todavía vivían sus hermanos. Su hermana, la menor, estaba acá en Buenos Aires. El metro ochenta no necesita elevarse, pone la cabeza pero no siente la pelota.
El Colo llega antes. La desesperación le congela el cuello. La roja cabeza es un ladrillo que se estrella contra el cuero. Red inflada.
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La Grajan se fundió en un único grito: “El domingo cueste lo que cueste…tenemos que ganar”

Escrito por Thomas Fowler 