Décima fecha: la única realidad

noviembre 7, 2008

Como todas las cosas, la realidad es relativa. De hecho cuando uno dice “cosa” no hace más que aludir a la realidad que, como se ha dicho, es relativa.  Así bien podría uno decir soy el nueve, lo que sería verdad a medias, y una buena verdad, pero no una verdad en su totalidad, porque Fabbiani también es nueve, con lo cual somos muchos nueve. Supongo, habrá en lugar recóndito, selecto y custodiado el molde inicial del nueve, el arquetipo.

Empero…no es momento al caer la pelota en el área que un nueve, por más corto que sea a la hora de abarcar la total idea de nueve, se ponga a debatir sobre la relatividad de las realidades. Ahí, tenés que pegarle.

Sava llega un momento tarde y la patada queda dibujada en el aire, en los ojos fervientes de la Grajan Grin que a modo de reacción lanza el “Uh”. La pelota pasa y un defensor la rechaza. El Fowler ganaba uno a cero pero no convencía, no cerraba el partido.  Vino el lateral y el árbitro aprovechó para autorizar el cambio del equipo contrario. El Greene Park era una alfombra.

- Bien Papu, bien… – aprovechaba Sava para acercarse al tirador del centro.

- Tranquilo que ya va a entrar -

- No sé…quiero….quiero ser el nueve de todos los nueves pero es una idea que no puedo abarcar con todo mi entendimiento -

- A todos nos pasa – lo calmaba el Papu.

En otra oportunidad los sesenta y ocho puntos hubieran sido una victoria. Pero si el Fowler quería acercarse a los punteros esa cifra no era suficiente. El apertura Johnnie Walker parecía cada vez más lejos.  Por eso, ahora, en esta circunstancial realidad una victoria no se ajustaba a la realidad requerida.

El corner del contrario en el descuento provocó un silencio profundo en el estadio. Bernaldo gesticuló como quien corta con todo su brazo derecho dos rodajas de un pan del tamaño de una persona, al tiempo que decía:

- ¡Colo, vos ahí, el Ogro allá! -

El Colo, capitán dede la ausencia de Fritzler,  bajaba al área a defender y el Ogro se quedaba en la mitad preocupando a la defensa adversaria.  Scotti, a los gritos, ordenaba la defensa y repasaba las marcas. A último momento lo ve llegar a Sava al área al tiempo que relojea al ocho contrario, un paragüayo de metro ochenta, que se iba para el segundo palo.

- ¡Colo, Colo, vos con el paragüa! -

Tarde. La pelota estaba en el aire, pero se dirigía con fuerza al primer palo. Scotti acelera junto a su marca y pierde.  Dirige su vista al colorado que desde atrás persigue al paragüayo. La pelota pasa por todo el frente del arco rumbo al ocho rival oriundo de las afueras de Asunción. Un pueblo bonito donde todavía vivían sus hermanos. Su hermana, la menor, estaba acá en Buenos Aires. El metro ochenta no necesita elevarse, pone la cabeza pero no siente la pelota.

El Colo llega antes. La desesperación le congela el cuello. La roja cabeza es un ladrillo que se estrella contra el cuero. Red inflada.

La Grajan se fundió en un único grito: “El domingo cueste lo que cueste…tenemos que ganar”

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Octava fecha: aburrimos

noviembre 2, 2008

El equipo deambulaba por la cancha como un alma en pena,  suponiendo que existan las almas y que se les de por penar tal como lo hacen los vivos.  Bernaldo gritaba desde la línea de cal:

- ¡Rojitas , Rojitas – le gritaba al falso colorete – Rojitas, seguilo al ocho, seguilo al ocho ! -

En el banco, el Papu, vestido con el buzo del club,  cortos y chancletas, se balanceaba sentado entre Díaz y el lejando arquero Abud. El presidente lo había obligado a estar en el banco por más que no jugara.

Mientras el Fowler no encontraba el camino y el partido se diluía en un aburrido cero a cero, el arquero supersuplente y el efímero defensor parloteaban.

- ¿Te enteraste lo que le pasó a Mercado? – decía Díaz.

- No, ¿qué? -

- ¿Viste que no está más en los entrenamientos…lo mismo que Buonanotte? -

- Ajá…pensé que los habían vendido…-

- Los eliminaron -

- ¿Los qué? -

El Papu estaba pálido, le habían dejado una bolsita en la mano y un balde a sus pies , por las dudas. En el vestuario, el doc Plarr le había hecho oler un líquido con alto contenido de alcohol y menta. “Pero así cualquiera, yo le doy Brancamenta y listo” había dicho el ogro. El doc lo había mandado a cagar alegando que un tipo que se la pasaba de cabarute en cabarute no podía tener conocimientos de medicina como para opinar. Al ogro le chupó un huevo. Abud continuaba su explicación:

- Los eliminaron. Aparentemente Mercado habría sido el primero en darse cuenta de que esto es ficción, que ninguno de nosotros juega realmente en el Fowler Magno Club, sino que somos parte de un juego ficticio. En la realidad Mercado juega en Racing y Buonanotte en River. Y en aquel partido de la quinta fecha, cuando lo rajaron se habría calentado tanto que se lo habría dicho al enano.  ¿Te acordás? -

- Sí, me acuerdo que lo rajan y que el enano trataba de calmarlo. Despues…estaban raros en el vestuario…y en la semana charlaban mucho…como si estuvieran confabulando algo…qué se yo…me acuerdo -

- Bueno. Acordate que en esa semana el presi dijo que los habían vendido. ¿Pero vos sabés a dónde? -

- No…-

- Lógico, porque no los vendieron a ningún lado. Los eliminaron. -

-¿Los mataron? -

- No, los eliminaron. Desaparecen de esta realidad y se van a otra. Pero a lo que nosotros concierne no están más acá -

- Como…el Nirvana -

- No, pelotudo, además es el Nintendo. Simplemente plaf, se las toman. Ser un ente de ficción es los más efímero que te puede pasar.  Cuando te dejan de leer ya no existís -

Abud se quedó pensando. Luego de un rato, mientras el Papu se le apoyaba en el hombro, dijo:

- ¿Somos…producto de un escritor indiferente que nos deja tirados en cualquier lado y librados al azar de la existencia efímera del momento en que somos leídos….? -

- Mirá turco, yo estoy bastante preocupado por el tema. Si dos pesos pesados como el Merca y el enano pueden ser eliminados de una historia como esta, imaginate lo que le puede pasar a dos cuatro de copas como nosotros -

El partido terminaba con un cero a cero tedioso y aburrido. Un plateísta pensaba: “Me hubiera quedado en casa leyendo un buen libro”.


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