La buena acción del día

Mayo 21, 2009

Suspendida la práctica del martes, el miércoles encontró al equipo en el arenero de Villa Devoto, el de más allá.  Cambiados y listos. Tuvieron que esperar. 

Media hora más tarde de la hora preconvenida apareció el joven Martín, pelota bajo el brazo. Lo rodearon.

- Bueno…No…no hay mucho que decir. Uds. saben ya la mayoría de las cosas…Los rumores parecen ser ciertos. La renuncia de Broun está sobre la mesa del actual presidente, Charlot. Personalmente, les digo que he tratado de ubicar al inglés pero no he podido. Asi que somos los que estamos. Tendremos que sacar esto adelante con lo que nos queda.  Me ofrecieron irme también pero no me pareció correcto, asi que aca estoy…Empecemos - 

Reluciente la pelota fue lanzada al piso. 

Recluído en una de las casas que su primo tenía en Bs. As. , Alvaro Tomaso de Dios Broun, ahogaba su dolor en un whisky barato. Balbuceaba. 

- No…otra vez…ese fantasma ha vuelto a caer sobre mi desgraciada vida - 

No hablaba de otro más que de Aristóteles Bernaldo, aquel hombre que en su juventud le hubiera robado el amor de su vida. Ahora venía a robarle su trabajo. Ante los malos resultados del equipo su aparición en los medios había hecho que la comisión directiva se pusiera en contacto con él. Por supuesto, todos negaban todo, lo que era un claro indicio de que todo era cierto. 

- Todos…todos…la hinchada también me da la espalda…- 

A la salida del partido el micro había sido apedreado y los cánticos apuntaban al inglés. Durante el partido se habían colgado banderas en su contra. 

- Hasta los anónimos me quieren afuera…- 

Esto también era cierto. En el blog, fijate ahí a la derecha, una encuesta ponía al griego como preferido de la gente en general. 

- Y encima perdí a la gitana…-

Su amante, Preciosa, que así se llamaba la gitana, lo había mandado a cagar. 

Alvaro tomó lapiz y papel. Escribió su renuncia y la hizo mandar por moto al club. 

- Al menos algo bueno tengo que hacer el día de hoy…-

 


No se mancha

Octubre 18, 2008

La mañana se presentaba nublada. La primavera había llegado a Buenos Aires casi sin ganas. La lluvia se hacía notar de a ratos. Una contienda en la que nadie quería participar, como esos partidos de copa donde ambos equipos están clasificados y sólo lo juegan para cumplir.

Peleas así no tienen sentido.  Si te vas a pelear que sea con ganas.

El primero en llegar fue el Papu. Con las valijas llenas y cerradas venía directo desde el aeropuerto. Ni bien entró a la concentración, donde todos estaban listos y cambiados para el entrenamiento por orden explícita de Bernaldo, tiró las valijas al piso, resopló y preguntó dónde estaba Pieters.
Fabio, que había llegado la noche anterior, estaba en el cuartito del otro lado de las canchas, donde el cuidador guarda los instrumentos para cuidar la alfombra, como llama él al campo de juego. Allí se había atrincherado desde la mañana temprano con una número cinco que había embarrado bien aprovechando uno de los descampados y el trabajoso caer de la llovizna.
Frtizler, el capitán del equipo, se hizo cargo de responder la pregunta:
- Atrás, en el cuartito –
El Papu salió por los amplios ventanales y caminó hasta pisar el cesped verde de la cancha principal. Los demás lo siguieron pero se quedaron cerca de uno de los arcos. Cuando el Papu llegó al medio llamó, con honor:
- ¡Fabio! – gritó
Fabio Pieters salió del cuartito con la pelota absolutamente embarrada y se dirigió a su encuentro, en el centro del campo de juego.
- Papu –
- Fabio –
Luego, ambos limpiaron con sus manos y camisetas el enmugrecido cuero que al tiempo se rindió al esfuerzo de los habilidosos mediocampistas.
- Tirala vos – dijo en el Papu.
Fabio la lanzó al aire. Las reglas de la contienda determinaban que el combate comenzaba una vez que la pelota tocara el piso. Cuando estaba todavía en el aire Pieters dijo:
- A muerte –
- No esperaba otra cosa de vos. A muerte -

A lo lejos, Fritzler se mordió los labios. Dos buenos jugadores iban a enfrentarse y sólo uno quedaría. Camiseta titular hay una sola. La pelota, absolutamente limpia, tocó el piso.

el resultado