Don Nando cerró la enorme puerta de la suite de un céntrico hotel. Estaba copeteado.
Es que había estado festejando hasta altas horas la exitosa operación de la compra de Ronaldo y Pelletieri. Ni lerdo ni perezoso el presidente del Fowler, recientemente repuesto, en su cargo, había salido el mismo lunes , luego de que su equipo perdiera el clásico, a hacer el anuncio.
Al principio nadie le había creído pero con el pasar de las horas sus dichos fueron confirmados por el importante grupo empresario que había puesto la moneda, y por los propios jugadores.

- Eu vengu a apurtar meu granito de areina – Había dicho el portugués.
El Pulpo mientras tanto no paraba de firmar autógrafos.

- He vuelto a mi casa. Mirame el escudito. Esta pilcha me la compro porque soy fana, no es la que me da el club – Anunciaba Pelletieri.
Lo que no se tenía bien en claro era cómo cornos iba a romper Ronaldo su reciente contrato con el Madrid y además venir a la Argentina a jugar un campeonato de ficción y ser jugador exclusivo del Fowler. Muchos se preguntaban si el potentado grupo empresario podía alterar la realidad de tal manera. Empero se sabe que cuando hay plata todo es posible.
Horas antes Don Nando atacaba los micrófonos:
- Y es así, con el Pulpo no pudimos hacer lo mismo. El Pulpo va a entrar en las reglas normales del juego pero Ronaldo no, Ronny va a ser jugador único del Fowler. Nadie más va a poder elegirlo -
- ¿Cómo van a cambiar las reglas del gran dt? -
Se sospechaba, naturalmente, que el poderoso grupo empresario había sobornado a los organizadores del gran dt, Clarín y a un par de canas en la autopista Ezeiza.
- Nimiedades. Todo se arregla cuando hay voluntad. Muchachos, ya, la semana que viene estamos partiendo rumbo a Cancún donde haremos la pretemporada con miras al próximo torneo -
- Presidente ¿es verdad que el poderoso grupo empresario es accionista del remedio para la gripe porcina ? -
- Miren, yo les digo una sola cosa. No crean en las cadenas de mails -
Pero todas esas preguntas engorrosas ya habían pasado. Ahora, Don Nando, cerraba la puerta del lujoso hotel y se preparaba para disfrutar el postre de la noche, la última Yésica.
- ¡Sí, por fín , bebota! -
- Hola, papi, ¿así te gusto? -
Yésica, la quinta y última de un cargador de pulposas hembras, vestía sólo unas botitas blancas.
- ¡Cómo me calientan esas cosas! - Si bien Don Nando podía distinguir calzados diversos, le resultaba en extremo dificil nombrarlos. Cosas, Deus ex Machina.
Ella sonrió y le abrió los brazos.
- Sí, mamita, te voy a hacer de todo – dijo Don Nando mientras se acercaba y empezaba a quitarse la ropa. La apretó contra su cuerpo.
- Y yo…lo voy a matar, mister president -
Escrito por Thomas Fowler 