Los refuerzos, un festejo peligroso y el alcohol en gel

agosto 4, 2009

Don Nando cerró la enorme puerta de la suite de un céntrico hotel. Estaba copeteado.

Es que había estado festejando hasta altas horas la exitosa operación de la compra de Ronaldo y Pelletieri.   Ni lerdo ni perezoso el presidente del Fowler, recientemente repuesto, en su cargo,  había salido el mismo  lunes , luego de que su equipo  perdiera el clásico, a hacer el  anuncio.

Al principio nadie le había creído pero con el pasar de las horas sus dichos fueron confirmados por el importante grupo empresario que  había puesto la moneda, y por los propios jugadores.

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- Eu vengu a apurtar meu granito  de areina – Había dicho el    portugués.

El Pulpo mientras tanto no  paraba de firmar autógrafos.

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- He vuelto a mi casa.  Mirame el  escudito. Esta  pilcha me la  compro porque   soy fana, no es    la que me da  el club – Anunciaba   Pelletieri.

Lo que no se tenía bien en claro  era cómo cornos iba a romper  Ronaldo su reciente contrato con  el Madrid y además venir a la  Argentina a jugar un campeonato  de ficción y ser jugador  exclusivo del Fowler.  Muchos se  preguntaban si el potentado  grupo empresario podía alterar  la realidad de tal manera.  Empero se sabe que cuando hay  plata todo es posible.

Horas antes Don Nando atacaba los micrófonos:

- Y es así, con el Pulpo no pudimos hacer lo mismo. El Pulpo va a entrar en las reglas normales del juego pero Ronaldo no, Ronny va a ser jugador único del Fowler. Nadie más va a poder elegirlo -

- ¿Cómo van a cambiar las reglas del gran dt? -

Se sospechaba, naturalmente, que el poderoso grupo empresario había sobornado a los organizadores del gran dt, Clarín y a un par de canas en la autopista Ezeiza.

- Nimiedades. Todo se arregla cuando hay voluntad. Muchachos, ya, la semana que viene estamos partiendo rumbo a Cancún donde haremos la pretemporada con miras al próximo torneo  -

- Presidente ¿es verdad que el poderoso grupo empresario es accionista del remedio para la gripe porcina ? -

- Miren, yo les digo una sola cosa. No crean en las cadenas de mails -

Pero todas esas preguntas engorrosas ya habían pasado. Ahora, Don Nando, cerraba la puerta del lujoso hotel y se preparaba para disfrutar el postre de la noche, la última Yésica.

- ¡Sí, por fín , bebota! -

- Hola, papi, ¿así te gusto? -

Yésica, la quinta y última de un cargador de pulposas hembras, vestía sólo unas botitas blancas.

- ¡Cómo me calientan esas cosas! - Si bien Don Nando podía distinguir calzados diversos, le resultaba en extremo dificil nombrarlos.  Cosas, Deus ex Machina.

Ella sonrió y le abrió los brazos.

- Sí, mamita, te voy a hacer de todo – dijo Don Nando mientras se acercaba y empezaba a quitarse la ropa. La apretó contra su cuerpo.

- Y yo…lo voy a matar, mister president -


El héroe en el exilio

mayo 24, 2009

Lentamente la gente iba subiendo las escaleras la tribuna local del Greene Park. La  Vevey, nombrada así por el lugar donde muriera Graham Greene, se colmaría.  Las conversaciones rondaban los temas de siempre. Por qué no se había hecho ningún cambio. Qué jugador faltaba o sobraba para mejorar el funcionamiento. Si era posible todavía aspirar al campeonato. La suerte del rival de siempre. 

La tarde templada invitaba a ir a sentarse directamente en la tribuna,bajo el solcito, y no a esperar en la sombra, debajo de la tribuna. Los vendedores de patys y cocas llamaban. 

Durante el partido de reserva se charlaba de la familia y el laburo, los proyectos que todos tienen en la vida. Alguna noticia de los diarios, alguna película, algún recital. 

Cuando la reserva va concluyendo los temas son más que nada futbolísticos y cada uno defiende a su jugador predilecto. Este tiene que estar, este no, para qué lo pone. Recuerdos de otros partidos, de la lentitud o la rapidez. El delantero que no la mete. El defensor que es un desastre. 

Con el equipo cuestionado, mientras los primeros integrantes de la Grajan subían a colgar las banderas largas, comenzó el grito nostálgico por el héroe en el exilio. 

“Olé, olé;  olé, olé, olá, a Pelletieri nunca lo vámo a olvidar.Olé, olé;  olé, olé, olá, a Pelletieri nunca lo vámo a olvidar”

Y cuando se apagaba esa canción surgía la segunda voz. 

“Olé, olé, olé, Pulpó, Pulpó”


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