La noche estaba algo fresca para ser verano. Probablemente porque era primavera. La exactitud al narrar se corresponde con la realidad ficticia. Siempre se espera un marco de aceptación de las ocurrencias. La lógica sobrepuesta a la literatura es el moho sobre la fruta fuera de la heladera. Bernaldo, en su casa, la tiró.
El Colo guardó la nueve en el bolso. El vestuario oscuro, silencioso y vacío le daba el escenario que requería. Podría destruirlo con deslizar mis dedos pero no voy a hacerlo. Desde afuera una luz se colaba en el interior , probablemente la luz de la casilla del portero cuyo nombre no será revelado aquí tampoco.
Afuera, la gente se refugiaba en la televisión y las conversaciones iguales de todas las noches. La variación en la comida, el orto del gato, el nombre de la novela, el libro para el subte, el color de la camisa, la palabra con la que nos llamamos. Las miserias hechas arte, sobrevaluadas estupideces, amores cursis, musas en ventanas, poetas en balcones, parejas de revista, psicólogos millonarios.
- Lo importante es la física. Descifrar el código en el núcleo de una constante. – dijo Sava
El Colo dejó la carta sobre uno de los bancos de madera junto con la cinta de capitán y salió hacia el verde negro cesped de la noche. Desde la casilla del portero, cuyo nombre no será revelado ahora, se escuchaban los ruidos de la tele de fondo y la protesta contra el perro “Seis”. El Ogro no se cansaba de joderlo al portero, cuyo nombre no será revelado ahora, por el nombre de su perro.
- ¿Cómo le vas a poner “Seis”? -
- ¡Es mi perro y lo llamo como quiero! – respondía el portero, canoso, arrugado por los años
La silueta de Sava y su bolso se desdibujaban dentro de la cancha del FMC. A lo lejos, cerca del área que dá a la tribuna Vevey, se adivinaba la sombra de una extraña máquina.
La carta decia:
“Compañeros, hermanos…No puedo quedarme. La curiosidad me gana. Como un torero que enfrenta la arena me lanzo a lo desconocido. Bueno, tengo un mapa…pero no está del todo claro. Lo que sea. Convencido de la existencia de realidad superior a esta es que debo encontrar el centro de todos los centros para “irme” y verle la cara al que escribe, el autor de todos los autores. Es verdad, quizá allí deba emprender nuevo viaje pero esa…será otra historia. (como Conan, ¿la vieron? Pídanle a Bernaldo que se las pase). Os dejo con el deber heroico de enfrentar contrincante nuevo cada domingo, con el divino trabajo de sortear dificultades varias para llegar a buen puerto a fin de campeonato. Que no decaiga la mística. Os dejo, también, con la mojigata realidad de vuestra sociedad, una masa deforme, apelotonada , amalgama de superficialidades y asesinatos. Podéis luchar contra ella pero…es algo más complicado. Medíos. Desde los “Coca-cola” que jugábamos con el Ogro en el arenero es que vengo planeando esto. Me pregunté por qué entrenábamos en el arenero de la plaza de Devoto…cómo es que jugadores iban y venían porque sí, cómo es que en el diario decían que nuestros jugadores jugaban para diferentes equipos de Argentina mientras que todos entrenábamos para el FMC….Investigué y del Fowler Magno Club sólo encontré una página de Internet…esta…Y me leí…leí cosas que me pasaban, sueños, jugadas, diálogos y de a poco pretendí ir comprendiendo pero aún así no pude. ¿Si en Arsenal no me ponen por qué meto goles acá?. No supe qué hacer hasta que encontré en mi armario un mapa…el mapa empieza en el vestuario y por líneas punteadas se dirige a la cancha,hasta el área que dá a la tribuna Vevey, donde siempre va la Grajan, allí en el área hay una máquina , dice el mapa, llamada DEM…luego la línea de puntos sigue por el cielo hacia otras zonas marcadas, el Supercúmulo de Virgo y la Gran Muralla, más allá….hay otras cosas que no les diré en esta carta…No me sigan. Prometo volver con noticias de victoria y si no lo hago…sabed que …A nada temo pues me han hecho valiente. A todo me atrevo pues no me ata creencia alguna.
Soy Facundo Sava, el Colorado, número nueve, delantero de área, letal, depredador, goleador indiscutido. Sabed que podéis ser cualquier cosa, pero nunca nadie será yo”
El colorado seguía caminando hacia la máquina-sombra.
El perro “Seis” estaba demasiado intranquilo. El portero cuyo nombre no será revelado, cedió y le abrió la puerta, luego lo siguió.
- ¿A qué le ladrás? . ¡No ves que no hay nada ! …Es la cancha…¿a la cancha le ladrás?…- Seis corrió hacia la línea de cal del lateral pero no se animó a entrar. Siguió chumbando. Al rato salió disparado hacia el área local, como si aquello que lo había asustado ya no estuviera allí. Un destello pasó por el cielo.
- Oia, una estrella fugaz…- y sonrió irónico. Había cosas que a este portero no se le escapaban -…los ancianos confundimos todo…decimos incoherencias…¿a qué autor mediocre se le puede ocurrir ponerle Deux Ex Machina a su máquina voladora?… Ay, ay, ay -
(crack)